The silent China

La segunda potencia del mundo no es una democracia y se llama China: Una realidad no tan lejana que nos afecta poderosamente, pero también se nos oculta y se nos censura.

BAII: El nuevo y todopoderoso Banco de Desarrollo Asiático

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El BAII, el gran banco de desarrollo asiático nacido bajo la aplastante influencia china

Esta semana ha sido noticia la incorporación de Francia, Italia y Alemania al Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (BAII). Pero ¿qué es este organismo y cuál es su función? EL BAII se fundo en octubre de 2014, con la aprobación de 22 países del continente asiático. Según declaraciones de altos funcionarios chinos, el nuevo banco servirá como plataforma para financiar los proyectos más importantes de la región asiática en materia de telecomunicaciones, energía y medios de transporte. Por otra parte, esta nueva institución ha entrado en competencia directa con el Banco Asiático de Desarrollo, fundado en 1966 bajo el dominio aplastante de Estados Unidos y Japón; y pretende servir como mecanismo de cohesión regional, frente a la “doctrina del pivote” impulsada por el Pentágono y el Departamento de Estado norteamericanos.

“El BAII es una institución financiera multilateral inclusiva y abierta. No pretende reemplazar a los existentes bancos de desarrollo. Se complementarán y apoyarán unos a otros, y trabajarán juntos para ayudar a promover un desarrollo económico global más estable y un mundo más armonioso”, aseguraba el viceministro chino de Finanzas Shi Yaobin, en Xinhua, el martes pasado, tras asistir al Diálogo Financiero de Alto Nivel China-Alemania celebrado en Berlín.

Pero la lectura del desfile de países poderosos prestos a formar parte del BAII, quizás obedezca a otros intereses, los estríctamente comerciales. Obama intenta presionar hasta donde puede a países de su órbita (Corea, Japón, Indonesia…) pero el olor del yuan es más fuerte. Se avecinan los más suculentos proyectos de infraestructura en el contienente asiático y estos representan un soporte clave para mantener altas tasas de crecimiento económico a largo plazo. La acumulación capitalista en escala global se orienta cada vez más hacia el Este y el continente asiático requiere, urgentemente, movilizar recursos para conectar las cadenas regionales de valor, por ejemplo, a través de la «Ruta de la Seda del Siglo XXI», un cinturón económico que incluye una extensa red de ferrocarriles de alcance continental que vinculará a China con Asia Central, Rusia, Europa y quizás Medio Oriente. Según las estimaciones del Banco Asiático de Desarrollo tan sólo entre 2010 y 2020 se requerirán 8 billones de dólares para proyectos nacionales y 290 000 millones de dólares para proyectos regionales en materia de infraestructura. Los préstamos otorgados por el cuasi defenestrado Banco Asiático de Desarrollo ascienden a 10 000 millones de dólares al año, claramente insuficientes para satisfacer el nivel de demanda fiananciera del dragón asiático.

Ante la desaceleración del crecimiento de la economía china a tasas inferiores de 8 por ciento y la creciente debilidad de la demanda externa, el financiamiento de proyectos de infraestructura a través del AIIB, dotaría a la integración asiática de un empuje sin precedentes y China gozaría de un acceso privilegiado a recursos naturales estratégicos y mercados de consumidores potenciales. China es hoy el primer socio comercial de la mayor parte de los países de la zona, entre ellos, India, Pakistán y Bangladesh, y el segundo de Sri Lanka y Nepal. En 2012, el comercio entre China y los diez miembros de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) alcanzó un récord de 400 000 millones de dólares. Indudablemente, antes de que Beijing aspire a conquistar la hegemonía económica mundial, será necesario que consolide primero su liderazgo en el plano regional. Y no sólo en materia económica, sino a través de un mayor equilibrio geopolítico entre los países asiáticos a fin de mantener a raya la «doctrina del pivote» impulsada por el Pentágono y el Departamento de Estado.

Con todo y que Japón, Corea del Sur, Indonesia y Australia declinaron apoyar la puesta en marcha del AIIB por las presiones del gobierno de Barack Obama, el respaldo mayoritario del continente asiático no hizo sino poner de manifiesto que los esfuerzos de la Casa Blanca para debilitar la integración regional, resultaron extremadamente limitados frente a la diplomacia del yuan. En suma, la implementación de una nueva institucionalidad desafía de modo abierto los pilares de Bretton Woods y acentúa el proceso de transición hacia nuevas formas de gobernanza con eje en la regionalización financiera. Quizás en algún momento, la era estadounidense colapsará de manera inminente frente al brillo resplandeciente del crepúsculo asiático centrado en el ascenso multipolar de Beijing.

Fuente: El País, The New York Times.

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Esta entrada fue publicada en 18 marzo, 2015 por en Economía, Política y etiquetada con , , , .

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