The silent China

La segunda potencia del mundo no es una democracia y se llama China: Una realidad no tan lejana que nos afecta poderosamente, pero también se nos oculta y se nos censura.

Los verdaderos censores de China

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Libros chinos de colores.

El escritor chino disidente es una bestia apócrifa. Hay disidentes chinos, por supuesto, y algunos de ellos incluso escribe, pero las imágenes románticas de la represión al estilo soviético – censores estatales hostiles, corrigiendo novelas con una pluma roja, forzando a los escritores a elegir entre la sumisión humillante y el desafío valiente – no se aplican en China hoy. Los disidentes son “disciplinados” o encarcelados con regularidad por su investigación académica, su trabajo periodístico, su activismo o su identidad étnica. Pero un simple poema rara vez lleva a alguien a la cárcel. El héroe poeta chino no existe.

Durante años, los autores en China han escrito libros que llegan a ser prohibidos, sin repercusiones dramáticas. Los análisis de Yan Lianke sobre el culto a Mao y a los episodios trágicos de la historia comunista china son ignoradas por las editoriales de la China continental, sin embargo, aparecen publicadas en Taiwán y Hong Kong en su lugar. Pero a Yan Lianke no se le molesta. Sigue gozando de una posición privilegiada en una de las mejores universidades de China. Otros autores como Sheng Keyi y Chan Koonchung han escrito diversas ficciones sobre las consecuencias de la represión de la plaza de Tiananmen, recibiendo por ello sendos inofensivos tirones de orejas.

La autocensura parece ser el principal problema. Junto con Mo Yan, quizás el más famoso ejemplo, muchos escritores chinos parecen evitar temas polémicos. Pero si estos realmente no incurren en la ira del gobierno ¿por qué estos autores se autocensuran? De hecho, la cohesión social de la creación literaria, enraizada en las actitudes tradicionales chinas de respeto a la autoridad, es mucho más corrosivo para la independencia artística de los escritores chinos que el propio Estado.

Esto no quiere decir que no existe la censura oficial. Un organismo gubernamental conocido como la Administración Estatal de Prensa, Publicación, Radio, Cine y Televisión (Sapprft) es responsable de la gestión editorial en China. Pero lleva a cabo la mayoría de las directivas políticas, dando recomendaciones vagas, dejando a los editores la libertad para interpretarlas.

Los autores parecen estar rodeados de “simpatías y prebendas” de los editores, que junto al sistema de publicaciones del gobierno conforman una vasta estructura social, muy unida a la literaria, que incluye revistas, premios literarios, académicos, simposios… Todo esto, reforzado, además, por un organismo del gobierno nacional llamado, Asociación de Escritores Chinos. Este grupo es un remanente de los años de la economía planificada, y en su intento de profesionalizar el comercio de la escritura, sigue desembolsando un modesto salario a los escritores de cierto rango, además de pagar la formación, los viajes al exterior y otros asuntos.

Para estudiar la naturaleza de la presión sobre los escritores chinos es necesario establecer una distinción entre el poder político y la autoridad personal: No hay ninguna conexión oficial entre la Sapprft y la Asociación de Escritores Chinos. Los escritores chinos tratan de navegar por el sistema y avanzar en sus carreras profesionales, la política del gobierno es sólo una más de las cosas que deben tener en cuenta, y no la más importante.

¿Qué se necesita para ir contra el sistema? O te quedas para siempre en los márgenes, enviando libros a los editores que nunca han oído tu nombre, con la esperanza de atrapar el reconocimiento de una serie de autores, cuyos trabajos nunca apreciaste. O, para los escritores ya dentro del sistema, rechazan los agentes que forjaron sus carreras, humillan a los compañeros que hicieron los mismos compromisos que ellos hiciero una vez. Cuando eres un autor chino “antiautoritario” significa que también eres antisocial: No requiere el coraje de decir la verdad al poder, pero sí el de ser grosero con tus amigos.

A finales de 1990, Han Dong, un escritor y poeta de Nanjing , se unió a Zhu Wen y a otro puñado de autores para instigar un movimiento llamado ‘duanlie’ – ruptura o escisión – rechazando explícitamente el abrazo de la creación literaria. El movimiento ganó algo de tracción en los años siguientes, pero al final terminó agotándose.

En la altamente socializada China, es difícil imaginar que cualquier escritor resulte verdaderamente anti-social, en el sentido de estar notablemente marginado de la sociedad y, cuando sea necesario, francamente ofensivo. Algunas de las más grandes figuras literarias del país – el poeta Li Po o el novelista Cao Xueqin – eran parias, pero no por elección, sino porque fueron exiliados o ignorados.

Yan Lianke representa un modelo de resistencia, pero es un modelo que muy pocos escritores pueden seguir. Aunque muchos de sus libros han sido impublicable dentro de China, que mantiene un lugar incómodo dentro del sistema. Su talento no puede ser ignorada, pero su insistencia en escribir sobre temas políticamente sensibles significa que sus compañeros lo ven de vergüenza. Es casi el único. Incluso su familia desea que él se detendría.

Luego está Li Juan, que se halla todo lo fuera del sistema que un escritor chino puede permitirse para poder publicar. Ella vive y escribe en la región de Altay en Xinjiang, en el oeste de China, reflexionando sobre el estilo de vida nómada y el cambio de las estaciones. Su carrera literaria ha tomado lo que ella llama, una “ruta salvaje” – “Salvaje” se utiliza tradicionalmente en China, para referirse a cosas fuera del “establishment”-.

LI Juan no es desafiante ni prepotente; más bien, parece tímida, y con reparos a expresarse en público. Después de una década escribiendo sin éxito, y de enviar sus textos a revistas y editoriales, la fuerza de su escritura fue ganando reconocimiento. “El éxito de mi escritura se basa, en cierta medida, en promocionarme por los principales círculos literarios”, afirma Juan, “por lo que no puedo pretender vivir aislado de ellos. Pero mi actitud ha sido siempre la de “No rechaces, pero no participes.” A pesar de su creciente reputación, Li Juan dice ser una inútil autopromocionándose:”Yo no sé hacer otra cosa que escribir.” Y es que ella apenas tiene contacto con alguien del mundo literario, más allá de los editores que publican su trabajo.

“Algunos colegas piensan que me doy aires de algo, pero existen algunos altos cargos que han estado dispuestos a hablar por mí, y tengo que agradecérselo.” Li Juan es decididamente cortés, casi humilde, excepto cuando la conversación pasa a tintas mayores y se convierte en su oficio, el de escribir. Evaluando sus propias palabras y las ajenas también, Li Juan se vuelve dura y muestra una fijación que recuerda a la obstinada revisitación de Yan Lianke a los temas históricos. Más allá de las cualidades que pueda tener esta – la fuerza de carácter, desprecio por las opiniones de los demás – hoy en día, es lo más parecido al espíritu de la disidencia, que la escena literaria china posee  .

Fuente: ERIC ABRAHAM SENJUNE – The New York Times

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Esta entrada fue publicada en 4 septiembre, 2015 por en autocensura, Censura y etiquetada con , , , , , , , .
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