The silent China

La segunda potencia del mundo no es una democracia y se llama China: Una realidad no tan lejana que nos afecta poderosamente, pero también se nos oculta y se nos censura.

Periodistas derrotados en la guerra contra la libertad de expresión

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Mujer con máscara en una protesta contra la censura a los medios del gobierno chino.

Desde que Xi asumió el liderazgo, Pekín ha declarado la guerra a la libertad de expresión. Ha encarcelado a periodistas, blogueros y reconocidos abogados por los derechos civiles como Pu Zhiqiang, condenado hace poco por publicar siete tuits sarcásticos. Uno de los casos más notorios fue el de Gao Yu, periodista de 71 años que entró en prisión por filtración de secretos de Estado, tras hacer llegar presuntamente un documento interno del Partido Comunista a los medios extranjeros.

Otro reportero, Wang Xiaolu, periodista económico de una de las principales revistas financieras de China, fue detenido y obligado a protagonizar una “confesión” televisada por escribir una información sobre el caos en la bolsa del año pasado. El año pasado, China cayó un puesto en el ránking de libertad de prensa que elabora Reporteros Sin Fronteras. Ahora ocupa la posición 176º de 180 países.

Lin, que ahora trabaja en una empresa de cine del grupo Alibaba, del multimillonario Jack Ma, niega que la política esté detrás de su decisión de dejar el periodismo. En su lugar, apunta al descenso de lectores e influencia de los periódicos chinos. “Actualmente, nadie lee tus informaciones”, lamenta. “Los lectores viven todos dentro de sus smartphones o de WeChat“.

Sin embargo, su frustración con la censura se hizo patente cuando en 2014 cargó en un blog contra la destrucción del Southern Weekly, el antes respetado periódico liberal que, según dijo, le inspiró para hacerse periodista. Se dice que en aquel momento escribió: “Durante todos estos años, las personas como nosotros hemos visto cómo mataban nuestros artículos y silenciaban nuestras voces, y hemos empezado a acostumbrarnos a eso. Hemos empezado a ceder y a censurarnos a nosotros mismos. Hemos ido demasiado lejos, como si hubiéramos olvidado por qué elegimos este sector para empezar”.

A pesar de esos problemas, Lin, que renunció a su último puesto de trabajo en el periodismo en abril de 2014, afirma que aún es posible escribir en China periodismo que merezca la pena: “Una persona tiene diez dedos. Hay uno que no puedes usar pero los otros nueve funcionan todos. Hay una historia que no puedes escribir pero aún quedan nueve que sí”. Cuando se le pregunta cuál es ese décimo dedo, Lin se ríe. “Es lo mismo que en tu caso”, responde. “Creo que no es necesario decirlo en voz alta”.

Otros jóvenes periodistas son mucho menos optimistas. “Ser periodista ya no significa nada”, lamenta un redactor jefe treintañero de uno de los medios de comunicación más importantes de China. “Mi mayor impresión es que en los últimos años las libertades de la prensa han alcanzado su nivel más bajo de la historia”.

El periodista se queja de que, antes de la era Xi Jinping, los redactores jefe al menos tenían autonomía para decidir sus propios titulares. Ahora, se obliga a los periódicos y a los medios digitales a atenerse a la tediosa monotonía de la alabanza a los líderes comunistas chinos. “El titular de apertura (siempre) tiene que ser sobre Xi Jinping y el segundo, sobre (el primer ministro) Li Keqiang”, asegura, y concluye que “si lees un medio online, los has leído todos”.

Bandurski, autor de un libro sobre el periodismo de investigación en China, considera que la creciente intolerancia de la información crítica por parte del gobierno de Xi Jinping es cada vez más clara. En el pasado, los periódicos chinos sufrían campañas gubernamentales de censura durante seis meses, pero luego, esos mismos periodos salían publicando un reportaje de investigación potente. “Ya no vemos ese tipo de ejemplos. Vemos mucho más silencio”, lamenta el académico.

A los periódicos y los medios digitales que aún trataban de romper barreras les han metido de nuevo en vereda. Una investigación reciente sobre el impacto social y ambiental de la Presa de las Tres Gargantas que publicó el periódico de Shanghai ‘The Paper‘ fue retirada de Internet tras siete horas después de su publicación.

“El invierno se ha convertido en una edad de hielo para los medios de comunicación”, reflexiona Bandurski. “Para el periodismo de investigación, la situación ha empeorado constantemente desde 2005. Además, los Juegos Olímpicos fueron un momento duro. Pero desde 2012, con Xi en el poder, las cosas han empeorado muchísimo”.

Lin, que tiene un hijo de tres años, afirma no arrepentirse de su decisión de abandonar una carrera que tenía los días contados. “Los medios chinos son ahora un desastre. Aunque todas esos profesionales con talento se hubieran quedado, ¿qué podrían hacer?”, señala sobre el éxodo de jóvenes reporteros que se está produciendo.

Tras más de una década en el negocio, el redactor jefe, que pide anonimato por miedo a represalias, admite que también ha estado a punto de renunciar. “La libertad es muy importante, es lo más importante, pero no la tenemos en China, especialmente en el periodismo”, manifiesta. “No puedes escribir lo que quieras. No puedes entrevistar a quien quieras. Y si lo haces, no puedes publicarlo. Trabajar en los medios chinos es malgastar tu vida”.

Fuente – The Guardian, The PaperSouthern Weekly

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Esta entrada fue publicada en 22 febrero, 2016 por en Censura y etiquetada con , , , , , , , , .
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