The silent China

La segunda potencia del mundo no es una democracia y se llama China: Una realidad no tan lejana que nos afecta poderosamente, pero también se nos oculta y se nos censura.

Crónica china de una muerte anunciada

China´s future

Portada del libro del profesor David Shambaugh.

¿Por qué China debe adaptarse o morir?

Cada pocos años, algún comentarista de primera línea gana fama y a veces vergüenza mediante la predicción de la inminente desintegración del Partido Comunista Chino. En 1989, una vez las tropas gubernamentales aplastaran el movimiento de liberación de Tiannamen, muchos observadores discutían si el Partido Comunista tardaría en desmoronarse semanas o meses. En 2001, Gordon Chang escribió un libro, “El próximo  colapso de China”, en el que predijo que una crisis financiera haría caer al régimen dentro de una década.

Hace un año, David Shambaugh, un científico político estadounidense, disparó su primera salva como nuevo agorero del régimen chino, con un provocador artículo de opinión en el Wall Street Journal: “La llegada del crack chino”. Este aseguraba que “el final del régimen comunista chino ha comenzado”, y pronosticaba la desaparición “desordenada, violenta y prolongada” del régimen.

El nuevo libro de Shambaugh, “El futuro de China”, desarrolla este punto de vista. Shambaugh ha sostenido durante mucho tiempo que China es menos potente de lo que la mayoría de la se cree y esto hace de su futuro “una de las incertidumbres globales clave de las próximas décadas”. La preocupación se debe en parte a una economía tan importante para un mundo tan globalizado, mas la trayectoria de China plantea también una pregunta más importante: ningún país ha sido capaz de modernizar su economía sin transformarse en democracia. ¿Podría China romper este modelo?

Su conclusión es “no”. China hoy en día es más represiva que en cualquier otra época, al menos desde principios de 1990 -afirma Shambaugh- con lo que el país anda cerca de desmoronarse. El sistema político está en “muy mal estado” y las élites ricas han perdido su confianza en él. Al igual que Chang, Shambaugh  pone de relieve las trampas económicas sistémicas de las que tendrá que luchar para escapar. Escribiendo aquí para el lector general, Shambaugh utiliza años de investigación académica antes de poner la represión china en su contexto.

Desde la década de 1950 en adelante, China se ha visto afectada por  oscilaciones políticas, con períodos ocasionales de apertura seguidos de las fases de férreo control. Shambaugh también ve las tensiones entre el estado y la sociedad como las propias de un régimen autoritario. Este autor recuerda a sus lectores que las masivas protestas pro-democracia en la plaza de Tiananmen de 1989, principalmente resultaban amenazadoras para el Partido Comunista porque tenían partidarios en altos puestos del partido, que agilizaban satisfactoriamente el camino hacia el éxito de los intentos de reforma.

Mirando hacia adelante, el autor declara que China se enfrenta a una elección: la de reformar o morir. En última instancia, sostiene Shambaugh que el gigante asiático se ceñirá a su discurso actual de “autoritarismo duro”, corroyendo la capacidad del partido para gobernar, lo que a su vez limita el progreso económico y frena la innovación. Lo hace así para desentrañar qué aspectos de la situación de China son distintos. Todas las sociedades se enfrentan a una “revolución de las expectativas crecientes” a medida que se hacen más ricos, señala, pero para los gobiernos autocráticos como el de China, éstas representan una amenaza existencial.

Al final, Shambaugh no llega a decidirse si el advenimiento del crack será suscitado por el partido o por el pueblo. Al principio del libro, señala que el principal determinante del futuro de China se encuentra en su liderazgo y sus posibles opciones. El partido, en otras palabras, comanda su propio destino. Pero también enumera un catálogo de amenazas creíbles desde dentro de la sociedad, incluyendo las tensiones sobre las pensiones, la salud y el medio ambiente: “En algún momento, algunos o varios de estos elementos explotarán”, evalúa. Además, candentes como nunca se encuentran los polvorines de Hong Kong, el Tíbet y el oeste de la provincia de Xinjiang.

Este barrido es a la vez la fuerza y la debilidad del libro. Según. Shambaugh, los problemas de China son tan profundos y diversos que, en efecto, parece imposible que el Partido Comunista puede sobrevivirlos. Sin embargo, se plantea la pregunta opuesta también: ¿cómo, entonces, se ha mantenido un régimen tan imposible e inverosímil intacto y durante tanto tiempo?

Fuente – Wall Street Journal 

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Esta entrada fue publicada en 3 abril, 2016 por en Política y etiquetada con .
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